11. Un amor exclusivo.
—Adam, tienes que comer, no puedes estar así —dijo Pía con el plato de sopa en la mano y una mirada suplicante en el rostro. Estaba consumida en dolor por ver a su esposo así.
—No quiero comer, ya te dije —respondió Adam en un susurro. No quería ser grosero con Pía pues lo había apoyado y cuidado desde que él se había derrumbado por la ausencia de Sofía—. Por favor, solo… vete, déjame.
—¿Haces esto por ella? ¿Lo haces porque regresó? —preguntó Pía con el corazón roto y sabiendo la respuesta.