Otro Despertar 9.
El despertador sonaba. Noa tanteaba buscando el infernal aparato para callarlo. Logró apagarlo para volver a envolverse en las cálidas cobijas. Cinco minutos después, la morena recordó que debía levantarse. Apresurada, dio una patada para quitarse las cobijas de encima. Entró al baño para alistarse; se lavó los dientes para luego darse una ducha rápida.
—¡Carajo! —exclamó molesta—, Noa, justo en tu primer día, cómo vas a quedarte dormida...
Guardó silencio. Alguien tocaba la puerta. Terminó de