Punto de vista de Elara
El pánico nunca llega.
En cambio, paso las siguientes dos horas moviéndome por mi departamento como si estuviera coreografiando mi propia huida. Me ducho para eliminar los restos de la noche anterior: el olor de ese callejón, el agarre fantasmal de las manos de esos hombres, la humillación que se ha adherido a mi piel como una segunda capa. Cuando salgo, me siento más ligera de alguna manera. Más limpia.
Elijo mi ropa con cuidado. No las prendas de diseño que Ryan insist