MADDOX
Simon no me dijo que me estaba vendiendo un perro rabioso.
Estaba perturbado.
Estaba perturbado porque una palabra de su boca me hizo congelarme.
Embarazada.
Una palabra y me congelé como un niño que nunca había visto una pelea.
No me congelo.
No me había congelado en siglos y algún desliz de omega con ojos desesperados lo logró en menos de tres segundos.
La palabra se asentó en mi pecho como una piedra. Pesada. Inamovible. Arrastrando todo lo que había enterrado a la superficie.
Mi lobo