AMARA
El calabozo no tenía ventanas y eso me molestaba más que el frío, la humedad, o las cadenas que habían dejado anillos pálidos alrededor de mis muñecas.
La oscuridad era total. No tenía manera de saber si era de mañana o de medianoche.
Me senté con la espalda contra la pared de piedra y conté mi odio. Era lo único que me mantenía caliente.
Odiaba a Maddox con una profundidad que nunca había sentido por nadie antes.
Se merecía morir.
Espero que muera una muerte cruel y dolorosa. Espero que