CINCUENTA Y DOS: ‘Quédate.
AMARA
Sus ojos eran oscuros, casi negros de lujuria, con las fosas nasales ensanchadas mientras respiraba pesadamente, el pecho subiendo y bajando.
Antes de que pudiera decir algo, sus brazos se envolvieron a mi alrededor, inamovibles, levantándome del suelo como si no pesara nada.
Me cargó sin esfuerzo hasta el colchón, dejándome caer sobre la superficie suave con un rebote que hizo que los pechos se me sacudieran.
Vino sobre mí de inmediato, su cuerpo flotando, enjaulándome. Fue entonces cuan