AMARA
La rigidez asentada en lo más profundo de mis huesos fue lo primero que noté cuando por fin abrí los ojos. Cada músculo de mi cuerpo se sentía dolorido, como si hubiera dormido mucho más de lo que creía. Durante varios segundos me limité a mirar el techo familiar que tenía encima, intentando ordenar mis pensamientos a través de la niebla persistente que nublaba mi mente.
Entonces vino el reconocimiento.
Mi habitación.
La confusión ahuyentó de inmediato los últimos vestigios del sueño.
¿Mi