Miró las piezas rotas de su teléfono con los ojos muy abiertos y horrorizados.
Un chillido salió de sus labios cuando él agarró su mandíbula con fuerza y redirigió su mirada hacia él. Él se cernía sobre ella como una bestia mientras ella trataba de quitarse la mano de la cara
—D déjame... —queria sonar fuerte pero su voz la traicionó con su temblor.
—¿Por qué? —el rechinó y con cada segundo que pasaba su agarre se estaba volviendo brutal y doloroso mientras sus dedos se clavaban en su suave car