Buenos días.
Ella estaba durmiendo tranquilamente. Su pecho se movía arriba y abajo con suaves respiraciones. Su piel era rosada y suave. Sus gruesas pestañas. Pómulos altos, esas mejillas esponjosas. Esos labios deliciosos. La barbilla que siempre sobresale cuando hace pucheros. Respiró profundamente, llenando sus pulmones con su olor.
La yema áspera de su pulgar acarició suavemente su mejilla. Si tan solo pudiera confiar en ella. 'Estás confiando en ella, por eso la dejaste quedarse con su teléfono', habl