Él le lanzó una mirada aguda y ella se encogió de hombros sin dejar de reír.
—Todavía necesitabas ser castigado por abandonarme en el crucero, y mantenerme alejado de tu habitación durante los últimos dos días solo aumentó la lista de tu castigo —se quejó.
Ella levantó una ceja perfecta hacia él.
—Estoy tan asustada —susurró, frotándose los brazos y él la escrutó sombríamente.
En un movimiento rápido, la agarró del brazo y la atrajo hacia él.
—¿Encuentras graciosa mi desesperación? —el gruñó en