Le dolía todo el cuerpo y ni siquiera podía moverse. Intentó abrir los ojos, pero le resultó demasiado difícil. Apenas sucumbió entrando y saliendo de la conciencia. Después de un rato, pudo abrir los ojos cuando un gemido se escapó de sus labios agrietados.
Tenía la boca seca como si alguien la hubiera frotado con papel de lija. Parpadeó lentamente, mirando el candelabro que estaba iluminado con relajantes luces doradas.
La cama debajo de ella era tan suave y acogedora que la envolvía en su