Harrison rápidamente la agarró del brazo sosteniéndola.
—¿Ángela? —preguntó asustado mientras ella parpadeaba lentamente hacia él. Estaba temblando. Se quitó la chaqueta y se la cubrió con ella, pero de repente su olor la inquietó. Ella no se quitó el abrigo porque no quería hacerlo sentir mal.
—¿Estás bien? —preguntó suavemente con preocupación goteando de su voz.
—Estoy bien, no te preocupes —ella trató de tranquilizarlo. Ella sutilmente sacó su brazo de su alcance y se alejó de él.
Los ojos