—¿Por qué trajiste comida, Dana? ¿Dónde está Connie? —la voz de Violet era dura, casi fría.
Ya había terminado de interpretar a la buena chica y de esperar a que se supiera la verdad. No importaba cuánto se mintiera a sí misma acerca de que no le importaba lo que Lennox pensara, su odio la estaba matando, royendo sus entrañas hasta que lo único que quedó fueron huesos podridos y un alma dolorida.
—Él estaba en el cuartel de entrenamiento, así que lo traje yo misma —ella respondió cortésmente—.