Capítulo 66
La mejilla me ardía por la cachetada, pero lo que más me dolía era escuchar el motor del yate encenderse. Ese sonido me atravesó el pecho porque significaba que Zack estaba a punto de llevarnos lejos. Si salíamos del puerto en medio de la noche, Felipe tendría más dificultades para encontrarnos.
Zack seguía frente a mí, con la respiración agitada y los ojos llenos de una rabia que no intentaba ocultar.
—Olvídate de esto, Zack —le dije, intentando que mi voz no sonara tan desesperad