El sol de la tarde se filtraba por los ventanales de la Galería de los Ancestros, proyectando rectángulos dorados sobre el suelo de mármol pulido. Anya caminaba lentamente junto a Leonor, sus pasos resonando en el silencio solemne del pasillo. A ambos lados, generaciones de la familia real de Argemiria observaban su paso desde marcos ornamentados, rostros que habían contemplado siglos de historia, secretos y traiciones.
"Esta galería siempre me ha dado escalofríos," confesó Leonor, ajustándose