Kaia
—¿No vas a comer?—
No respondí de inmediato. El tenedor en mi mano se detuvo a mitad del aire, suspendido durante unos segundos antes de que finalmente lo bajara de nuevo al plato. La comida frente a mí se había enfriado. Lo sabía sin necesidad de tocarla. Había estado mirándola durante demasiado tiempo sin verla realmente.
Este era el segundo día.
El segundo día que llevaba confinada en este lugar.
No era una celda con barrotes de hierro, ni un sótano oscuro como la gente podría imaginar.