Erick
Golpeé la mesa con fuerza para desahogar mi ira.
La madera tembló violentamente, el vaso encima cayó y se hizo añicos en el suelo. El sonido fue agudo, resonando en una habitación demasiado silenciosa para contener una rabia como esta. No me importó. Quería que todo se rompiera. Quería que todo se desmoronara. Quería que la opresión en mi pecho se destruyera junto con ello.
Mis manos temblaban. No por agotamiento. No por miedo. Sino porque mi ira había alcanzado verdaderamente su límite.