Mundo ficciónIniciar sesiónEn el fondo de su mente, Marian abrazó a su gigante, su oso de peluche, mientras se reprendía mentalmente por resistirse a su decisión de marcharse.
Si Alpha Dax lo hubiera visto tal y como estaba antes de marcharse, no creo que yo siguiera respirando, pensó distraídamente, mientras soportaba el peso de la ardiente ira de Dax.
Marian había decidido no sacar nada a relucir, pero tampoco se escondería.
Ya había terminado de esconderse.
—Me acosté con él —res







