¿Qué diablos está pasando ahora mismo?
En un momento estoy viendo la visión imposible del maldito Sebastian Wainwright parado en la puerta de la casa de mi infancia, charlando con mi madre, y al siguiente, me está besando. No es un beso rápido en la mejilla, ni una casta presión en los labios, sino un beso caliente, completo, sin aliento, justo allí, en el vestíbulo.
Y Dios mío, el hombre puede besar.
Me toma entre sus brazos, abre mis labios y desliza su lengua profundamente en mi boca. Una ma