– Por favor vete. Quiero estar sola.
– Tengo órdenes del señor FitzGerald, de cuidarla hasta que él esté de regreso, señorita.
– Austin… Yo no necesito un guardaespaldas. Yo soy dueña de mi propia vida. Así cómo él es dueño de la suya. No soy una prisionera. ¿Acaso no ves cómo estoy y cómo me duele esta situación?
– Es mi trabajo. No puedo irme. Lo siento. Aún así, me da curiosidad. ¿Por qué le afecta tanto que su hermano se vaya a casar?
– Nathan no es mi hermano. Lo conozco desde que era un