Karol
Corría por la calle trasera con la adrenalina a mil. Cada sonido me hacía brincar; cada sombra me hacía pensar que un guardia me estaba siguiendo. Pero la sensación de libertad era adictiva, aunque un poquito aterradora.
—Respira, Karol… respira —me decía a mí misma, mientras mi corazón latía como un tambor de concierto.
Miré hacia la distancia y allí estaba: el elegante edificio de Connor Parker. Brillaba bajo la luz de la tarde como si dijera: “Aquí es donde tu locura te llevará”.
—Ok…