El sol se alzaba lentamente sobre la casa del campo, pero la luz del amanecer no logró disipar la sombra que se cernía sobre nosotros. Habíamos pasado la noche en vela, preparando la emboscada, asegurándonos de que cada detalle estuviera en su lugar. Los niños estaban a salvo en el sótano, con Helena y Sofía vigilándolos, mientras Logan, Ricardo y yo nos apostábamos en los puntos estratégicos alrededor de la propiedad.
El plan era simple pero arriesgado: cuando Ernesto y sus hombres llegaran, l