230: El Despertar del Deseo.
El amanecer se filtraba lentamente a través de los ventanales del penthouse, tiñendo la habitación de tonos rosados y dorados que danzaban sobre las sábanas revueltas. La luz del sol acariciaba la piel de William, que dormía profundamente a mi lado, con el rostro relajado y la respiración profunda. Sus brazos seguían rodeándome, incluso en sueños, como si su cuerpo se negara a soltarme incluso cuando su mente descansaba.
Yo no había dormido. No podía. Cada vez que cerraba los ojos, revivía los