231: El Juego de las Miradas.
El agua seguía cayendo sobre nosotros cuando William me giró para enfrentarlo. Sus ojos azules brillaban bajo el vapor, y en ellos vi una mezcla de deseo y ternura que me hizo contener la respiración. Sus manos encontraron mi rostro, y sus pulgares acariciaron mis mejillas con una suavidad que contrastaba con la urgencia de nuestros cuerpos.
—Eres tan hermosa —dijo él, con la voz ronca—. No importa cuántas veces te mire, siempre encuentro algo nuevo que me maravilla.
—Eres un mentiroso —dije, c