215: Los Archivos del Pueblo.
La noche se había cerrado sobre el pueblo como un manto de terciopelo oscuro. La casa de Ana, mi verdadera madre, era un refugio de calidez en medio de la penumbra. El fuego de la chimenea crepitaba en el centro de la sala, lanzando sombras danzantes sobre las paredes de piedra, y el olor a café recién hecho flotaba en el aire, mezclándose con el aroma de las flores secas que colgaban del techo.
Pero yo no podía concentrarme en los detalles de la casa. Mi mente estaba en otro lugar, en el pasado