Los días siguientes fueron una espiral de investigación y frustración.
William y yo pasamos horas en los archivos de la ciudad, revisando registros de adopción, buscando cualquier pista que nos llevara al hermano que no sabía que existía. Pero los registros eran incompletos, confusos, llenos de vacíos que parecían deliberados. Como si alguien hubiera borrado intencionalmente cualquier rastro de su existencia.
—Esto no tiene sentido —dije una tarde, dejando caer un montón de papeles sobre la mes