Los días siguientes al encuentro con Morales fueron un torbellino de información que llegaba a cuentagotas desde las sombras, como si el propio destino se resistiera a revelar sus secretos. William se había convertido en una sombra de sí mismo, levantándose antes del amanecer y acostándose después de la medianoche, siempre pegado al teléfono o al ordenador, siempre en contacto con el ex agente del FBI que ahora dirigía la investigación desde un piso alquilado en Queens. Yo apenas lo veía. Cuand