Las semanas siguientes fueron un torbellino de llamadas, reuniones y documentos que no terminaban de llegar a buen puerto, mientras que la boda se seguía posponiendo. Los abogados trabajaban día y noche para localizar a Isabel, pero ella parecía haberse esfumado después de su encuentro con Helena. No contestaba el teléfono, no respondía los correos, no aparecía por ninguno de los lugares que solía frecuentar. Era como si se hubiera tragado la tierra, como si nunca hubiera existido, como si todo