Narrado por Helena
La primera semana como subdirectora de Winchester Industries fue un torbellino de números, informes, reuniones y nombres que no lograba retener por más que los repitiera una y otra vez. William me había asignado una oficina en el piso treinta y dos, justo al lado de la suya, con vistas a Central Park y un escritorio de caoba que parecía sacado de una película de los años cincuenta. Su secretaria, una mujer llamada Patricia que llevaba veinte años en la empresa, me entregó una