Logan se había ido hacía apenas una hora, pero la tensión que había dejado a su paso seguía flotando en el aire del penthouse como un gas venenoso. Margaret había subido a acostar a Lucy, y yo me quedé en el salón, con las manos apoyadas en el vientre y la mirada perdida en las luces de Manhattan. No podía dejar de pensar en sus palabras, en la forma en que había intentado besarme, en la seguridad con la que había hablado de William como si supiera algo que yo no. Algo que no quería decirme. Al