Narrado por William.
El hotel en Ginebra olía a cera y a silencio, como una iglesia vacía en la que nadie hubiera rezado durante años. Llevaba diez días en esa habitación de paredes beige y cortinas grises, mirando la misma televisión suiza que no entendía, comiendo la misma comida insípida del servicio a la habitación, durmiendo en las mismas sábanas que olían a lavanda industrial. Diez días desde que vi por última vez a Helena. Diez días desde que escuché su voz en persona diciendo que me que