Un mes después.
-¡aquí estás Courthney!
Lleve la mano a mi pecho asustada por el grito.
-¡por la Diosa, no entres así!
Estaba escondida en la herrería de la manada desde hace más de 5 horas, el herrero había terminado con todas las armadura y armas de quienes iban a luchar nuestro lado. Llevaba al menos una hora aquí colocando complejos hechizos en la utilería, y el que estaba iniciando fue interrumpido por el grito de mi destinado.
-lo siento, no estabas en ningún lugar y me preocupé. ¿Qué hac