-Mi Reina, ¡piedad por favor¡
El sirviente se encontraba atado a un árbol, con el cuerpo humo de agua y sangre, con sus ropas desgarradas y hechas trizas. Recibía latigazos de cuero, un látigo de más de 50 hebras le azotaba la espalda sin piedad alguna.
-¡¡PIEDAD MAJESTAD!!
Sus palabras no hacían mella en quien dirigía aquel abuso. Una bruja de túnica verde armada al cuerpo junto a un velo del mismo color era quien golpeaba al sirviente. Dirigida por una mujer sentada cómodamente en una silla a