—¡Samantha, viniste a verme y trajiste a Honey! —sonríe emocionada Vilma, mientras toma a su cachorro en brazos.
—Sí, pero no se llama Honey, se llama Chispita —responde la niña cruzándose de brazos y haciendo pucheros.
—Sami, recuerda que puede tener ambos nombres, sí —murmura Violeta y la pequeña asiente, mostrando su sonrisa más amplia al ver a su niñera.
—¿Por qué no has ido a casa, Violeta? —pregunta ahora con evidente melancolía.
—Mi amor, es algo complicado de explicar. Pero digamo