Rompió el cheque en dos y lo dejó sobre la mesa frente al Sr. White. Él la miró fijamente.
Le mostró una de sus breves sonrisas.
—Lo siento, señor, pero no puedo ser una traidora. El Sr. Rosetti puede ser muchas cosas, pero no puedo romper la confianza que tiene en mí. Me dio un trabajo sin tener en cuenta mis calificaciones. Lo menos que puedo hacer es ser leal —explicó con valentía mientras se ponía en pie.
—Tendrás que conseguir a otra persona que esté dispuesta a vender su alma por dinero pa