Natalia
La miré a los ojos y le dije con una voz firme.
—Luna, escucha bien lo que te voy a decir. Si llegas a hablar de esto con alguien, no volverás a ver nunca más a tu padre ni a tu niñera, Karla.
La niña, asustada, me miró con ojos llenos de lágrimas y respondió:
—No te preocupes, mamá. No diré nada, pero por favor, no les hagas daño a ellos.
Sonreí con frialdad.
—¿De verdad quieres tanto a tu padre? —pregunté.
—Sí, él es mi padre. Me ha dado mucho amor y cariño. ¿Por qué no me quieres, mam