Sebastián
Me levanté aturdido. Tenía la boca seca; creo que he dormido mucho tiempo. Mi hermana se me acercó y me besó en la frente, con lágrimas acumuladas en los ojos.
—Hermano, gracias a Dios te encuentras bien. Ahora lo que tenemos que hacer es trasladarte a un buen hospital para tu cirugía y tratamiento —mencionó mientras acariciaba mis manos.
—Gracias a Dios, he decidido irme a Rusia, para hacer la cirugía. No debes llorar más hermana.
—Sebastián es la mejor decisión. Eres joven y Dios te