Alexei
La tristeza embargaba mi alma al ver las cenizas de mi padre en esa cajita plateada que nos entregaron en la morgue. Mi hermano no paraba de llorar, y yo no tenía idea de cómo consolarlo.
—Alexei, ¿qué haré sin nuestro viejo cerca? —Me acerqué a él y lo abracé. Desde que éramos niños, nunca lo había visto tan destrozado. Cuando mamá murió, él sufrió, pero no tanto como yo. Sin embargo, esta vez, la pérdida de nuestro padre le dolía más a él.
—Saldrás de esta. Te llevaré a Nicaragua; pode