Anashia
—Hola Matías, ¿puedo pasar?
—Eh, sí, pasa, Anashia—dijo nervioso. Me dejó entrar pero se asomó al pasillo antes de cerrar la puerta. Vestía un short y una camiseta sin mangas.
—Dame unos minutos, estaba descansando y me tomaste por sorpresa.
—Claro, tómate todo el tiempo que necesites. Puedo ir a la oficina y encender la computadora.
—Sí, ve—balbuceó, entrando a su habitación. Me encogí de hombros y fui a la oficina. Encendí la computadora y conecté el USB. Matías estaba evidentemente