Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO CINCO
POV de Nessa El silencio que se apoderó del comedor después de que dije mi nombre fue mucho más incómodo de lo que esperaba. Nadie habló. Nadie apartó la mirada. Sentía que todos me observaban como si estuvieran esperando que cometiera el más pequeño error. Intenté mantener una expresión tranquila, aunque por dentro los nervios me estaban consumiendo. La mujer que acababa de preguntarme mi nombre seguía sonriendo. Era una sonrisa elegante. Educada. Pero había algo en ella que me hacía sentir incómoda. No era una sonrisa amable. Era la sonrisa de alguien que estaba evaluando a otra persona. —Nessa… —repitió lentamente—. Es un nombre bonito. —Gracias. Ella inclinó ligeramente la cabeza. —¿Y cuál es tu apellido? —Jerkins. La mujer asintió despacio. —Nunca había oído ese apellido. Antes de que pudiera responder, otro hombre habló desde el otro extremo de la mesa. —¿A qué se dedica tu familia? Sentí que mi garganta se secaba. No esperaba tantas preguntas. Respiré despacio antes de contestar. —Mi madre falleció hace algunos años. Varias personas bajaron la mirada. —Y mi padre también murió cuando yo era pequeña. El ambiente se volvió un poco más tranquilo. Sin embargo, la mujer frente a mí no parecía satisfecha. —Entonces… ¿con quién vives? —Vivía sola con mi hermano menor. —¿Tu hermano? Asentí. —Sí. —¿Y qué hace él? Bajé la mirada durante un instante. —Está enfermo. Por primera vez, aquella mujer guardó silencio. El abuelo de Chris apoyó lentamente ambas manos sobre la mesa. —Lamento escuchar eso. —Gracias. Pensé que las preguntas habían terminado. Me equivoqué. —¿Y cómo conociste a Chris? Esta vez fue un hombre de mediana edad quien habló. Todas las miradas volvieron a dirigirse hacia mí. Mi corazón dio un fuerte golpe. No tenía una respuesta. Nadie me había preparado para esto. Richard solo me había dicho que consiguiera acercarme a Chris. Nunca imaginé que tendría que enfrentar a toda su familia el mismo día. Abrí ligeramente la boca. Pero ninguna palabra salió. ¿Cómo respondía algo así? ¿Debía inventar una historia? ¿Y si Chris decía otra cosa? Los segundos comenzaron a hacerse eternos. Podía sentir cómo el sudor frío recorría mi espalda. Entonces… Escuché la voz de Chris. —Nos conocimos hace ocho meses. Giré la cabeza para mirarlo. Él seguía comiendo con absoluta tranquilidad, como si estuviera hablando del clima. —Coincidimos en una gala benéfica organizada por Knox Corporation. Tomó un sorbo de agua antes de continuar. —Ella no tenía idea de quién era yo. Varias personas levantaron las cejas. —Eso fue precisamente lo que llamó mi atención. Yo seguía mirándolo completamente sorprendida. ¿De dónde estaba sacando todo aquello? Parecía una historia perfectamente ensayada. La mujer volvió a intervenir. —¿Y quién invitó a una chica común a una gala de ese nivel? Chris ni siquiera tardó un segundo en responder. —Trabajaba como voluntaria. Mi respiración se detuvo. Todo encajaba. No había dejado ningún espacio para las dudas. El hombre que había preguntado antes sonrió ligeramente. —Eso explica muchas cosas. Pero la mujer todavía no parecía convencida. —¿Y quién dio el primer paso? Chris levantó la vista hacia ella. —Yo. Hubo un pequeño silencio. La chica que antes se había burlado de mí soltó una risa incrédula. —Eso sí que no me lo creo. Su hermano también sonrió. —Chris jamás persigue a nadie. —Exacto. —Las mujeres siempre son las que lo persiguen a él. Chris dejó lentamente los cubiertos sobre el plato. No levantó la voz. Ni siquiera cambió su expresión. —¿Han terminado? Los dos jóvenes dejaron de sonreír inmediatamente. —Sí… perdón. El comedor volvió a quedar en silencio. Yo apenas podía creer lo que estaba ocurriendo. Aquel hombre apenas hablaba conmigo. Sin embargo… Acababa de salvarme. Y lo había hecho sin dudar. El abuelo observó a Chris durante unos segundos antes de dirigir nuevamente la mirada hacia mí. Había algo diferente en sus ojos. Curiosidad. Como si estuviera intentando comprender qué tenía yo que hacía que su nieto actuara de aquella manera. —Nessa. Lo miré. —Sí, señor. —Mi nieto nunca ha traído a una mujer para presentarla oficialmente ante la familia. Noté cómo varias personas evitaban mirarlo. —Así que espero que comprendas lo importante que es este momento. No supe qué responder. Porque ni siquiera yo entendía por qué Chris había decidido traerme. Solo asentí. —Lo entiendo. El anciano sonrió con satisfacción. —Bien. La tensión pareció disminuir un poco. Los sirvientes comenzaron a servir el siguiente plato. Las conversaciones empezaron a repartirse por toda la mesa. Algunos hablaban de negocios. Otros comentaban noticias recientes. Yo apenas probé la comida. Tenía demasiado miedo de hacer algo incorrecto. Cada vez que levantaba la vista, encontraba a alguien observándome. De repente sentí una mano rozar la mía por debajo de la mesa. Me sobresalté. Miré hacia un lado. Chris seguía mirando al frente, completamente serio. Ni siquiera parecía darse cuenta de lo que estaba haciendo. Pero su mano seguía sujetando la mía. Con firmeza. Con naturalidad. Mi corazón comenzó a latir mucho más rápido. ¿Lo estaba haciendo para convencer a su familia? ¿O simplemente era parte de la actuación? Intenté retirar lentamente la mano. Él la sostuvo con un poco más de fuerza. Sin mirarme. Sin decir una sola palabra. Respiré hondo. Está bien, Nessa. Solo sigue el juego. En ese momento, uno de los mayordomos entró apresuradamente al comedor. Se inclinó frente al abuelo. —Señor… El anciano levantó la vista. —¿Qué ocurre? El mayordomo dudó unos segundos. Después habló. —La señorita Ariana acaba de llegar. El aire pareció desaparecer del comedor. Chris soltó mi mano lentamente. Su expresión no cambió. Pero todos los demás quedaron completamente inmóviles. La joven que antes se había burlado de mí abrió mucho los ojos. —¿Ariana? Uno de los tíos dejó los cubiertos sobre la mesa. La mujer que me había interrogado sonrió de una manera extraña. Como si hubiera estado esperando exactamente ese momento. El abuelo suspiró. —Déjala pasar. Unos segundos después se escucharon unos pasos acercándose. Tacones. Firmes. Seguros. Mi corazón comenzó a acelerarse otra vez. No sabía quién era exactamente Ariana. Pero podía sentir que su llegada no significaba nada bueno. La puerta del comedor se abrió lentamente. Una mujer alta y elegante entró con un vestido blanco que parecía hecho exclusivamente para ella. Su cabello oscuro caía sobre sus hombros en suaves ondas. Era hermosa. Muchísimo más hermosa de lo que yo esperaba. Sus ojos recorrieron la mesa lentamente. Hasta que se detuvieron en Chris. Y luego… En mí. Su expresión cambió por completo. Primero apareció la sorpresa. Después la incredulidad. Finalmente… Una sonrisa amarga. Dio unos cuantos pasos hacia nosotros sin apartar la mirada de Chris. —Así que era verdad… Su voz sonó tranquila. Demasiado tranquila. —Ya encontraste a alguien para reemplazarme. Todo el comedor quedó en silencio. Nadie se atrevió a intervenir. Yo podía sentir cómo todas las miradas iban de Ariana a mí. Y de mí a Chris. Entonces Ariana volvió a hablar. Esta vez, mirándome directamente a los ojos. —Dime… ¿Sabes realmente quién es el hombre que está sentado a tu lado? Mi respiración se detuvo. Y, por primera vez desde que entré en aquella mansión… Sentí que el verdadero peligro acababa de comenzar.






