LIAM BLAKE
La vi directo a los ojos, eran tan azules como el cielo despejado, mientras que los míos eran de un azul similar a las profundidades marinas. Era una metáfora interesante y al mismo tiempo catastrófica, porque, aunque el cielo y el mar parecen que se unen en el horizonte, nunca se llegan a tocar.
Desde el primer momento que la vi supe que era la clase de mujer que nunca estaría con un hombre como el que fui, tenía la belleza suficiente para someter a cualquier varón a su voluntad, p