NARRADORA
— ¡Y tú, “mi Alfa”! – se giró hacia Marco, que se servía un trago bien fuerte para aguantar los gritos de la histérica mujer.
— ¡Bien podías haber disimulado algo de la baba que te caía sobre las tetas de mi hermanastra! ¡Ustedes los dos son unos descarados! ¡Adúlteros!
— ¡Te callas de una maldit4 vez! ¡Me tienes harto con tus berrinches y tu prepotencia! ¡Te dije que la dejáramos tranquila cuando la reconocimos, al verla caminar en dirección a la terraza, pero no, tuviste que ir a b