Capítulo 49
El caos estalló como una tormenta sin aviso. En cuestión de segundos, la paz que querian construir se desmoronó.
Amelia, con el corazón latiéndole en la garganta, se vistió a toda prisa. El miedo le nublaba la mente, pero su instinto era claro: proteger a su hijo. Corrió por la habitación como un suspiro, lo envolvió en una manta y lo estrechó contra su pecho.
Larios llegó con el rostro tenso, la mirada preocupada . Sus palabras fueron un puñetazo.
—Uno de mis lobos escuchó que los