Capítulo 33
El cuerpo de Matthew temblaba, frágil y agotado. Intentó levantarse de la cama, pero sus fuerzas lo traicionaron, y cayó nuevamente sobre el colchón que apenas lograba sostener su peso.
—Alfa, debe descansar —le suplicó el enfermero, acercándose con cautela.
—¡Amelia está aquí! —gruñó entre dientes, jadeando con dificultad, como si su pecho ardiera al ritmo de un fuego invisible.
—Mi señor... aquí no hay ninguna Amelia. Está confundido.
Pero Matthew ya no escuchaba. Cerró los ojos,