El amanecer llegó teñido de gris.
No era el gris suave de las nubes normales, sino un gris enfermizo, como si el cielo mismo estuviera contaminado. El aire olía distinto: a metal oxidado, a carne podrida, a enfermedad.
En el patio principal de Artheon, el equipo estaba reunido.
Las cuatro lobas vestían ropa de combate: pantalones reforzados, botas altas, chalecos tácticos que permitían movimiento pero ofrecían protección. Lyra llevaba el cabello recogido en una trenza apretada. Kariane tenía gu