La sala de meditación estaba exactamente como la habían dejado. Las ventanas altas dejaban entrar la luz de la luna, creando sombras largas sobre la mesa de piedra. El ambiente olía a pergamino viejo y a algo más... a magia antigua que había permanecido dormida durante siglos.
Las cuatro lobas se movieron con rapidez, sacando los libros y pergaminos del compartimento secreto. Extendieron todo sobre la mesa nuevamente, rodeándola en silencio.
Lyra fue la primera en hablar.
—Tenemos ocho días. Oc