El alba apenas había comenzado a pintar de azul pálido las montañas cuando Alistair pidió hablar con Héctor en privado. El alfa del valle caminó hacia el salón lateral de reuniones, un espacio menos formal que la sala del consejo, pero suficientemente apartado para una conversación que no quería oídos ajenos. Héctor ya lo esperaba allí, de pie, con los brazos cruzados y la mirada clavada en la ventana que daba al bosque donde su hija había crecido. El silencio era pesado, pero no hostil. Los do