Luciana no podía ocultar que estaba realmente nerviosa, no porque no confiara en Santiago, no, sino porque la ansiedad de saber que iba a pasar le ganaba. Sólo ese hombre podía hacer que sintiera tantas emociones tan fuertes
—¿Te has dormido? — preguntó divertido al verla tan callada, ella también rió al oírlo y negó con la cabeza.
—No, pero si estoy muy ansiosa, quiero saber ya, para dónde vamos exactamente, ya que si me has vendado los ojos es porque conozco el lugar, y me estoy matando en t