No ha sido difícil, me digo viéndolo irse.
Espero que Julieta Visconti me diga lo que yo quiero escuchar. Gian ha demostrado no ser el hombre despreciable que siempre creí, pero si todo resulta ser nada menos que una falsa personalidad suya para manipularme, será un duro golpe no sólo para mí, también para su hermana.
—No creí que irías en serio —dice de pronto una acaramelada voz femenina.
Al identificar la fuente de esas palabras, mi corazón se detiene en seco, y después retrocedo un par