Salí del ascensor a toda prisa, pues, se acercaba la noche ya, quería estar allí para entretenerla con cualquier trabajo y nadie sospeche nada, sin embargo, al poder visualizar su escritorio miré a mi socio Anthony que la tenía sosteniéndole de la cintura apegándola contra su cuerpo, la sangre se me encendió cuál fuego, caminé más aprisa, cuando llegaba noté que Anna lo empujaba y le decía
—¡Déjeme señor Anthony!, por favor, no quiero nada con usted
Y escuché al hijo de puta decirle
—No te hagas